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Doña Sofía Araya

Con una sonrisa a flor de piel y un espíritu emprendedor que le lleva por distintos e ingeniosos caminos, doña Sofía Araya Flores (casada, tres hijos, seis nietos) repasa su historia y el presente. Nacida el año 1955, en el sector de Alto Grande, comuna de Navidad, siendo niña se trasladó junto a su familia a Santiago, para luego del Golpe de 1973 retornar a la costa y retomar su origen, que conjuga campo y mar. Pero nunca estuvo alejada completamente, pues en la capital su mamá siguió criando gallinas y los meses de verano los pasaban en la Vega de Pupuya, localidad de la comuna de Navidad donde vive desde entonces.

Fue en esos veraneos y a orillas de esta playa, donde conoció a su amor de juventud y quien hasta hoy es su marido, Olegario Ramos, buzo mariscador. Al mirar fotos antiguas, recuerda entre risas, que por su estilo de ser y por llevar el pelo largo, recibían como pareja el apodo de “los hippies”.

Doña Sofía confiesa que cuando joven no aprendió ni le interesó cocinar, ya que solo le gustaba ir a “dar vueltas a la playa”. Sin embargo, una vez que se independizó de la casa materna -donde vivió los primeros años de matrimonio-, la necesidad y la abundancia de los productos del mar en su cocina le enseñaron a transformar locos, choros y róbalos en sabrosos platos cotidianos.

Hoy, es reconocida en los eventos patrimoniales comunales por sus porotos con cochayuyo y pantrucas con piure. También es parte del Mercado Campesino de Navidad, donde semana a semana vende los productos que va elaborando. Entre sus otras actividades e iniciativas, destaca que desde el año pasado fue beneficiada con un invernadero ecológico, que aprovecha el agua de las lluvias y el rocío; y que junto a otras mujeres unidas en una organización aprendieron a procesar el piure hasta convertirlo en un polvo como aliño para las comidas.

Sobre su familia de origen, es la menor de ocho hermanos. Sus padres trabajaban a la par en las labores agrícolas para poder sostener a su numerosa familia y gracias a todo este sacrificio, que incluía también la cría y venta de vacas, ovejas y cabritas, lograron comprar un terreno donde doña Sofía pasó sus primeros años.

– ¿Cómo era la cocina de su casa de infancia?
La casa era de adobe y la cocina de quincha, que son ramitas con barro. La cocina antes estaba separada de la casa, por los incendios yo creo, ya que era a leña. El fuego tenía un pedacito en alto y el otro en el suelo. También tenían el horno de barro. Pero afuera, en el patio, en el cerro había una muralla que era de laja (la piedra) y mi mamá le sacó, sacó, le hizo un hoyo así para adentro y le quedó así, bonito, como esos hornos redondos, y ahí hacía el pan.

Con simpatía recuerda sus andanzas de juventud.

– ¿Cómo lo cocinaba?
Hacía fueguito hasta que se calentaba el horno y después hacía una escoba con un palo y con romero le ponían antes, barría toda la brasita y después le colocaba el pan, lo tapaba con unas latas y un saco mojado. Y quedaba súper rico y bonito más encima.

– ¿Qué pasó con ese horno?
Todavía está ese hoyo ahí…

– ¿Ese terreno sigue siendo de ustedes?
Sí, de nosotros… pero ya nadie vive ahí. Es que mi mamá hace poco que murió, como cinco años nomás.

– ¿Ella vivió hasta el final ahí?
Lo que pasa es que después, cuando mis hermanos ya fueron grandes, y en el colegio de acá no había más cursos, mi mamá —que era trabajadora y siempre aspiró a más— le dijo a mi papá: “No podemos estar con estos chiquillos aquí tan grandes, que estén detrás de los bueyes, yo quiero irme para Santiago”. Mi mamá vendió todos los animales y nos fuimos a Santiago.

– ¿En qué parte de Santiago vivieron?
Nosotros caímos allá en La Legua. Pero La Legua no era como es hoy. Eran potreros cuando llegamos, habían pocas casas.

– ¿Cuánto tiempo estuvieron?
Mis hermanos crecieron, trabajaban, hicieron el Servicio militar, se casaron, y después vino el Golpe. Yo pienso que mis papás se asustaron y nos vinimos para el campo los tres. Yo era la única que todavía era chica. Al volver, yo tenía 17 años ya.

– ¿Tiene recuerdos de Navidad en su infancia o solo de Santiago?
De Santiago, muchos, y de acá, yo recuerdo que iba con mi hermano a cuidar los animales. Porque yo como era la menor y era re mañosa, me ponía a patear, a hacer los shows como dicen ahora. Lloraba, lloraba y me tenían que ir, ya sea lloviendo y ellos igual, tenían que salir a cuidar a los animales. Y de los veranos, porque nos veníamos los tres meses para acá.

– ¿Hasta qué curso estudió en Santiago?
Yo llegué hasta séptimo, no me gustaba ir al colegio, era floja… —comenta entre risas—. A mí me gustaba peluquería, hice el curso y me recibí.

– ¿Qué edad tenía?
A los 15 entré a la peluquería.

– ¿Trabajó como peluquera?
Sí, trabajé como un año, y ahí ya después fue el Golpe y todo eso y nos vinimos.

– ¿El ‘73 regresaron a la misma casa del cerro donde vivían antes de partir?
No. Nos vinimos a la Vega de Pupuya. Mi papá compró un sitio. No había casas como ahora, era potrero y como dos casitas y la casa patronal que era de la señora dueña de todos estos terrenos.

– ¿Quién era?
La señora María Prado.

– ¿Qué pasó con la casa del cerro?
Estaba allá igual, pero para el terremoto después se cayó, quedó la pura cocina, como era de quincha, entonces para venir a veranear nosotros veníamos a otras casas, nos quedábamos donde las amistades.

– ¿Le gustó volver a vivir acá?
Me gustaba tanto porque yo no recordaba mucho de chica, caminar, y el mar y la costa… Después mi papá paró una ruca, con quincha, puras de estas ramas de eucalipto. Éramos los tres nomás; los otros trabajaban en Santiago.

– ¿A la casa del cerro nunca más volvieron?
No, nunca más. Íbamos de paseo nomás a veces. Mi mamá a veces quería sembrar. Íbamos para hacerle la comida a los trabajadores. Ahí teníamos que buscar gente que la ayudara. Porque no había animales, no había nada. Entonces sembraba. Y a veces nos íbamos a quedar unos días allá, porque igual a todos les tiraba, pues si todos nacimos allá.

– ¿Y ahí su mamá volvía a hacer el pancito en el hoyo?
Sí, allá, sí.

– ¿Qué sembraban?
Sembraban trigo, arvejas, garbanzos, lentejas, porotos, todo eso. Plantaba tomatitos, lechugas y para la casa, para la comida de nosotros. Y mi papá empezó acá después a trabajarle a la gente en agricultura sembrando, lo buscaban y le pagaban en cosas, en papa, en trigo, pero lo jubilaron antes porque tenía una hernia en el estómago. Así que vivíamos de eso nomás.

– ¿A qué edad se casó usted?
A los 20.

– ¿Un pololo de por acá?
Sí, el de la playa, claro, por eso iba tanto para allá… Nos conocimos de niños con él.

– ¿Ese mismo pololo es su marido actual?
Sí, ese es mi marido, en octubre de 2025 cumplimos los 50 años de matrimonio.

50 años de matrimonio lleva junto a don Olegario Ramos.

Los platos más recordados

– Volviendo a la cocina, cuáles eran los platos más habituales que hacía su mamá?
Hacía cazuela, le quedaba tan rica la cazuela… De vacuno y también de aves. Igual mi mamá crió pollitos y hasta chancho crió en Santiago. Allá había unos potreros llenos de manzanas para el lado de Salesianos, todo eso era puro fundo. Y ahí íbamos en un carretón de mano con mi papá a buscar manzanas. Para darles a los chanchos, a los animales, a los pollos y para nosotros…

– Siguieron en ese sentido viviendo una vida campesina.
Claro, pero no había cantidad porque los sitios tampoco son tan grandes en Santiago. Y después los terrenos de acá los dieron en media, entonces cuando veníamos para el verano, venían a recibir las cosechas y llevábamos lo mismo para Santiago, los porotos, las lentejas, el garbanzo, la harina de garbanzo y eso cocinaba mi mamá allá.

– ¿Qué hacía con la harina de garbanzo?
Locro de la harina de garbanzo.

– ¿Cómo se preparaba eso?
Por ejemplo, dejaba el agua hirviendo en la olla. Le picaba un poquito de cebolla, de verdura, porque antes no se freía. Lo hacía así en el agua nomás. Y ya después cuando está hirviendo la cebolla, las cositas que le echó, empezó a echarle la harina. Le podía echar papitas también, papitas picadas. No era tan claro, era más espeso que claro.

– ¿Y eso se comía solo o acompañado?
No, así, eso era una comida, un plato muy rico. Y se preparaba una color también. La color con aceite y se le echaba encima. Verdurita también le echaba. Las cazuelas que hacía más ricas, eran las de vacuno.

– ¿Cómo la cocinaba?
Estaba el agua hirviendo y echaba la carne. No freía. Ahí ya le empezaba a echar todas las verduritas, el apio y el cilantro. Me acuerdo que le echaba hojitas de repollo a la comida. Y después ya cuando ya estaba todo listo, las papitas, porotos verdes, zapallo -en Santiago había de todo-, ella preparaba un poquito de cilantro picado así y lo ponía en la mesa.

– ¿Algún corte en particular para hacer la cazuela?
Yo creo que iba la costilla, el osobuco. Para las pantrucas son huesos carnudos.

– ¿Y a usted su mamá le enseñó a cocinar?
No, yo para la cocina fui muy mala, no me gustaba, a mí me gustaba ir a la playa nomás… jajaja. Cuando me casé, yo no sabía hacer comida. O sea, yo veía a mi mamá, yo a ella le ayudaba a pelar las verduritas. Pero ella hacía la comida. Yo me dedicaba a hacer la verdura, las papitas, lavaba la loza, hacía el aseo, nada más.

– ¿Su marido sabía cocinar?
Él sabía un poco y como que me estuvo enseñando algo. Por ejemplo, las cosas de mariscos, porque él es buzo mariscador y en la casa de él se cocinaba puro marisco, porque eran doce hermanos. Eran súper pobres, allá en la playa, y su papá y ellos trabajaban en el mar.

– ¿Dónde vivieron al casarse?
Vivíamos con mi mamá. ¡Me lo traje para acá! Ahí vivíamos los cuatro, y después compramos un sitio y había una casita. Yo no me quería ir. Y después ya mi esposo un día se puso las coloradas y me dijo “Ya, te vas o te quedai”. Así que pesqué un poco de ropa y nos fuimos en una noche. Y mi mamá estaba tan enojada…

-¿No quería que se fuera?
No, porque yo era la menor y mi hijo ya tenía unos cuatro años cuando me fui del lado de ella y era como sus ojos…

-¿Su papá también se enojó?
No, mi papá era como bien alegre. Si él se enojaba, era solo un ratito, pero mi mamá no. Mi mamá era como soberbia. Era dura. Por los apellidos decía ella… Todos los Flores eran así, tercos. Ella heredó eso. Se enojó y nos veíamos pero no me hablaba, y después ya empezamos a hablar.

Con sus padres y hermanos.

– Ya como dueña de casa, ¿recuerda cuál fue el primer plato que cocinó?
Yo creo que marisco porque en mi casa habían puros mariscos, porque mi marido era buzo. Había muchos locos. Yo pienso que comimos muchos locos cocidos y carbonadas y estofado de loco.

– ¿Cómo se prepara la carbonada de locos?
Yo empecé a freír los aliñitos, la cebolla, el ajito si es que había, sino la pura cebolla, y después echaba los locos. Los picaba bien picaditos. Queda mejor crudo, porque el caldo después es bueno. Después le echaba agüita, caliente si había, sino helada nomás. Y ya después lo cocía como unos 20 minutos, media hora y después le echaba las papitas en cuadrito. Y también le echamos a veces unos poquitos tallarines. Porque acá se cocina con tallarín del 5. Acá se usa más eso en las cazuelas. Hasta en las cazuelas de pollo acá le echan tallarín.

– ¿Cómo preparaba el estofado?
El estofado igual con el loco crudo, pero partido por la mitad, no era picadito. También lo freía un poquito, con cebollita, con ajo si había, y si no con puro aceite. Antes era todo escaso, no llegaban cosas. Lo freía un poquito y ya después le echaba la agüita, poquita agua. Después cortaba las papas en largo, porque como es estofado, en largo. Y la cebolla igual, la cebolla larga, en pluma, pero gruesa. Y ahí se dejaba reposar.

-¿Qué otros platos hacía o prepara habitualmente con productos de mar?
Los choros, pero los hacíamos crudos, con limón, cebolla y cilantro. Hacíamos una fuente. Se lavan bien lavados primero y se los saca de la conchita, cuesta un mundo, bueno a mí me costaba porque no estaba acostumbrada tampoco. Pero me gustaba sacarlos crudos. Abría el chorito y lo sacaba y lo echaba en la fuente y después lo aliñábamos.

– ¿Y la sopa?
La sopa, hacía igual el sofrito con cebollita, los aliños, papa a cuadrito o larga como uno quería, y cuando ya estaba todo eso cocido, o el fideo o el arroz, lo que le echara, le echaban los choros al último, porque se cuecen casi al hervor, como en cinco minutos y ya está listo el chorito. Cuando ya estaba todo cocido, se le quiebra un huevo.

– ¿Cómo preparaba el pescado?
Comíamos pescado frito.

– ¿Qué pescado sacaba su marido?
Sacaba corvina, lenguado y róbalo.

– ¿Cómo prepara el batido?
Harina, agua y sal. Algunos le echan hasta cerveza. Toma otro sabor. Pierde ese sabor a pescado que es tan rico.

– ¿Pero ese pescado lo aliña antes?
Antes yo lo aliñaba igual… le rallaba ajito y le echaba un poquito de orégano, comino si tenía, y después el batido.

– ¿Qué otros platos prepara con pescado aparte del frito?
Al jugo. Gusta harto el pescado al jugo.

– ¿Qué pescado?
El róbalo.

– ¿Cómo lo prepara?
Con cebollita, con tomate picado y todos los aliños, orégano, comino. Lo sofreía igual un poquitito todo eso y después ponía las presas, bien ordenaditas, y después lo tapaba con cebolla de nuevo.

– ¿Con qué acompaña ese róbalo?
Puede ser con arroz, papas, y una ensalada.

– ¿Qué ensalada?
Hacíamos ensalada de ulte. Hay que echar a cocer el ulte con agua y vinagre y unas torrejitas de limón, porque eso lo pela, le saca el hollejo, queda más lisito. Y después uno ya lo saca, lo lava y lo pica. Lo hace con cebollita igual, con limón, con cilantro.

El plato estrella

– ¿De qué manera prepara el cochayuyo?
El cochayuyo, bueno, yo casi siempre lo preparo con los porotos. Eso es como mi fuerte, mi plato, porque cuando hacen eventos acá, como para el Día del Patrimonio, por ejemplo, me dicen que yo lleve porotos con cochayuyo.

– ¿Cuál es su receta de porotos con cochayuyo?
Antes, como yo no sabía cocinar, mi esposo me dijo que en su casa el cochayuyo lo hacían tostado, en el fuego, en el horno, donde sea, pero era tostado. La cuestión es que yo empecé a hacer eso y se me quemaba. Me quedaba la comida amarga. Y un día empecé a cocerlo. Cortaba trocitos y los echaba a cocer. Pero el problema es que se sube. Le ponía un plato ahí, con algo pesado y con poquita agua. Hasta que me dio resultado. Ahora último le empecé a echar como una gotita de vinagre al cocerlo, porque también se tiene como que pelar el cochayuyo. Después cuando lo saco, lo empiezo a picar, hago el sofrito con el cochayuyo en la olla con todos los aliñitos, y cuando ya están los porotos cocidos en otra olla, se lo echo a los porotos. Pero casi nada de agua, muy poquito, porque al echarle agua se sube. Entonces se tiene que ir como así reposadito, cocerse reposadito con los porotos. Y ese caldito con que yo cocí el cochayuyo se lo voy echando de a poquito. Y ahí yo le echo el zapallo y le echo la hojita de acelga igual. El zapallo lo muelo. Entonces eso queda como todo amarillito y queda como cremoso. Con los porotos y el cochayuyo, queda como una gomita, un gel. No tan espeso ni claro.

– ¿Ese cochayuyo, antes de partirlo, lo deja escurrir un tiempo, lo presiona para sacarle bien el agua?
No, lo saco nomás con un tenedor, a una fuente.

– ¿Cuánto rato lo cocina?
Lo cuezo como una hora.

– ¿Qué otros mariscos salen acá?
Acá sale la lapa, el loco, piure y el marisco de roca, como el caracolito.

– ¿Cómo prepara el piure?
También se hace carbonada. Igual que las otras, se fríen la cebollita, los aliños y se echan las papas, en cuadritos, en largo, como uno quiera, y luego la agüita, y después, cuando está listo, se echan los piures. Se echan al último, bien lavados, bien abiertos, así, porque se cocinan altiro, y también le quiebro un huevito y le echo cilantro.

Comida cotidiana

– ¿Qué cocina usted ahora preferentemente, marisco, carne, legumbres, verduras?
Comemos mariscos, carne igual y también los porotos, garbanzos.

– ¿Cómo prepara los garbanzos?
Los garbanzos me gustan con mote. Se echan a remojar, al otro día se le bota el agua y se echan a cocer. Se hace el sofrito, con cebollita, con los aliños y todo, después se ponen los garbanzos cocidos, se le echa el agua caliente o fría, da igual, y al final el mote. Entonces, ahí como unos 10 minutos, se va a estar revolviendo para que no se pegue.

– ¿Sin zapallo?
No le pongo, a mi esposo no le gusta el zapallo porque dice que le quita el sabor a la comida. Pero a la cazuela de vacuno yo le echo un pedacito igual. A él le gusta el zapallo, por ejemplo, en un plato que hago con zapallo cocido, papas cocidas y cebolla frita. Ahí se lo come.

Celebraciones familiares

– ¿Qué celebraciones vivían en su familia cuando era niña?
En esos años siempre se celebraban los santos. En mi casa las Julias y los Antonios, mamá y papá.

– ¿Qué cocinaban?
Ella llevaba pavo del campo, o compraba pavo o gallinas si ya no habían en la casa y hacía cazuela, igual que las otras, pero con arroz.

– ¿Y para Fiestas Patrias?
Las cuecas jajaja.

– ¿Hacía empanadas su mamá?
De carne, al horno, y fritas.

– ¿Cómo celebraban Navidad?
Es que éramos pobres. Había como para la comida, pero no para regalos, qué sé yo. Sí, mi mamá se preocupaba de tener un vestido y cuando alcanzaba para zapatos, teníamos zapatos nuevos.

Mote de maíz a la antigua

– ¿Qué otra de las comidas antiguas sigue haciendo?
Preparo mote de maíz. Mi mamá lo echaba altiro en la lejía, pero así cuesta más pelarlo y después para cocerlo porque va muy duro. Aprendí de un caballero de Pupuya que me dijo: “usted tiene que echar a remojar el maíz en la noche, como los porotos. Y al otro día prepara la lejía, le saca todo el carboncito de encima”. Yo lo echo a cernir en un colador, voy echando y claro, queda suavecita así la ceniza y después yo le echo el maíz y lo llevo al fuego. Tengo que estar revolviendo como una hora más o menos. Entonces tiene que ir sacando el maíz y viéndolo si se sale el hollejito. Saca un poquito, lo enjuaga así, y le ve que le sale el hollejito rápido, ya está bueno. Hay que refregarlo, y ahí después se vuelve a lavar.

– ¿Para qué comida lo prepara?
Nosotros lo comemos así nomás con azúcar o con miel. Se echa en el jarrito y luego con agua caliente yo y mi esposo con agua helada. Hago una olla grande y eso me dura como tres días. Igual les reparto a mis hijos.

Doña Sofía también es conocida por sus preparaciones de pan amasado, sopaipillas y calzones rotos.

Ventas y nuevos aprendizajes

– ¿Cómo llegó a trabajar al Mercadito?
Yo estaba inscrita en Prodesal y un día llegó la señorita de Indap y nos preguntó si nos hallábamos capaces de tener un mercado. Y ahora estoy y llevo mis cositas en el Mercado Campesino de Navidad y en el mercado de Matanzas.

– ¿Qué productos ofrece?
Diferentes. Antes tenía nueces y ahora las mermeladas. Un día en una gira que salimos con Prodesal, que nos llevan así a conocer otras cosas, fuimos donde una señora que tenía miel y ella preparaba jabones, productos naturales, también bálsamo labial. Eso me gustó altiro, así que yo le compré los ingredientes y ahora también hago bálsamo labial de coco, aceite de almendra y cera de abeja virgen.

– ¿Le gusta participar en talleres, aprender cosas nuevas?
Sí. A mí me hicieron un curso, pero eso fue por la Municipalidad, de mosaico, con piedrecitas picadas, y yo aprendí con puras conchitas y de las cáscaras de jaiba y hago cuadritos. Ahora con un grupo de mujeres de mar estamos aprendiendo a secar el piure y haciendo un aliño, en polvo, para dar a las comidas sabor del piure.

Piure deshidratado, lo último que está aprendiendo a preparar.

Representando a Navidad

– Si tuviera que preparar un menú representativo para promover la cocina que se hace aquí en Pupuya y en Navidad, ¿qué platos escogería?
Le daría porotos con cochayuyo y una cazuela de campo que le llaman. Como entrada, una ensaladita de ulte, con cebollita y cilantro, y un pebre de cochayuyo.

– De postre, ¿qué les ofrecería?
Fruta de la estación. También puede ser calzones rotos. Yo hago también eso y sopaipillas y pan amasado.

– ¿Cómo prepara el pebre de cochayuyo?
Echo a cocer el cochayuyo en trocitos con un poquito de vinagre. Ya cuando está cocido, lo pico bien finito y le echo un poquito de cebolla, de tomate, de ajo, de cilantro y el ají verde. O sea, como que lo inventé yo, no lo he visto en ningún lado. No le he preguntado a nadie, y dije, ya, voy a hacer. Y lo aliño con un poquito de aceite y sal. Queda rico. Hicimos un día para degustar y para que la gente comprara. Entonces puse una sopaipilla chiquitita, como un pancito chiquitito de cóctel, y puse el pebre. Ahí la gente empezó a llegar a comprar, pero yo les decía: “deguste, pero compre”, ¡porque no era puro probar nomás!

*Texto y fotos de Clara Bustos Urbina

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Entrevista realizada en el marco del Proyecto Fondart Saberes y Sabores de Cardenal Caro.
Patrimonio gastronómico oral rural de Cardenal Caro.